te amo Angélica!*
Escribo sobre el sentir... sobre mi realidad y sobre mi ficción, escribo y no escribo...
viernes, 21 de mayo de 2010
Almas.
El ahijado de la muerte.

Un pobre hombre tenía doce hijos y se veía obligado a trabajar día y noche para que no les faltara el pan. Cuando el decimotercero vino al mundo, no supo cómo dar remedio a sus apuros, corrió fuera de la casa hasta el camino principal y quiso pedirle al primero que encontrase que fuera el padrino de su hijo. El primero al que encontró fue a Dios. Dios sabía ya sus tribulaciones y le dijo:
—Pobre hombre, me das pena. Yo seré el padrino de tu hijo, me ocuparé de él y haré que sea feliz en la tierra.
El hombre dijo:
—¿Quién eres tú?
—Yo soy Dios.
—Pues no te quiero como padrino de mi hijo —dijo el hombre—. Tú das a los ricos y dejas que los pobres pasen hambre.
Esto lo dijo el hombre porque no sabía con cuánta sabiduría reparte Dios la riqueza y la pobreza. Así pues, se alejó del Señor y prosiguió su camino. Entonces se acercó el diablo y le dijo:
—¿Qué buscas? Si me aceptas como padrino de tu hijo, le daré todo el oro del mundo y todos los placeres.
—¿Quién eres tú? —preguntó el hombre.
—Soy el diablo.
—En tal caso no te quiero por compadre. Tú engañas y corrompes a los hombres.
Siguió adelante y entonces se cruzó en su camino la descarnada muerte y le dijo:
—¿Me quieres a mí por compadre?
El hombre dijo:
—¿Quién eres tú?
—Yo soy la muerte, que hago a todos los hombres iguales.
—Tú eres la persona adecuada. Te llevas a los ricos y a los pobres sin establecer diferencias. Tú serás mi comadre.
La muerte respondió:
—Yo haré que tu hijo sea rico y famoso. Pues a aquellos que me tienen como amiga no les falta nada.
El hombre dijo:
—El próximo domingo es el bautizo. No llegues tarde.
La muerte se presentó allí, tal como había prometido, e hizo buen papel como madrina.
Cuando el muchacho creció, se presentó la muerte de nuevo e hizo que la acompañara. Lo llevó al bosque, le señaló una hierba que allí crecía y le dijo:
—Ahora recibirás tu regalo de ahijado. Yo haré de ti un médico famoso. Cuando te llamen para que visites a un enfermo, yo estaré siempre allí: si estoy a la cabeza del enfermo, puedes decir con audacia que vas a curarlo, le das esta hierba y sanara. Pero, si me ves a los pies del enfermo, será que éste me pertenece y tienes que decir que toda ayuda es inútil y que no existe médico que pueda curarlo.
No transcurrió mucho tiempo hasta que el muchacho se convirtió en el médico más famoso del mundo entero.
“Le basta echar una ojeada al enfermo para saber cuál es su gravedad, si va a sanar o si por el contrario morirá”, decían de él, y la gente acudía de todas partes, lo llevaban junto a los enfermos y le daban tanto oro que pronto fue un hombre rico. Entonces sucedió que el rey se puso enfermo. Llamaron al médico para que dijera si era posible o no la curación. Pero, cuando se acercó a la cama, la muerta estaba situada a los pies del enfermo, y no existía hierba alguna que pudiera sanarle. “¡Si pudiera engañar por una vez a la muerte!”, pensó el médico. “No le va a caer nada bien, pero, como soy su ahijado, tal vez hará la vista gorda. Lo intentaré”. Cogió al enfermo y lo puso al revés, de modo que la muerte pasó a estar a su cabeza. Después le dio la hierba y el rey se recuperó y sanó.
Pero la muerte fue al encuentro del médico, con el rostro enfurecido y oscuro, lo amenazó con el dedo y le dijo:
—Te has burlado de mí. Esta vez lo pasaré, porque eres mi ahijado, pero, si te atreves a hacerlo otra vez, te agarraré por el pescuezo y serás tú el que vendrá conmigo.
Poco tiempo después cayó gravemente enferma la hija del rey. Era su única hija, y el rey lloraba día y noche, hasta que se cegaron sus ojos, e hizo saber que aquel que la salvara de la muerte se casaría con ella y heredaría la corona. El médico, cuando llegó junto al lecho de la enferma, vio que la muerte estaba a sus pies. Hubiera debido recordar la advertencia de su madrina, pero la extraordinaria belleza de la princesa y la felicidad que suponía ser su marido lo turbaron de tal modo que se olvidó de todo. No vio que la muerte le dirigía miradas enfurecidas, levantaba la mano y lo amenazaba con el puño descarnado; levantó a la enferma y colocó su cabeza en el lugar donde había tenido los pies. Después le dio la hierba, y pronto se colorearon las mejillas de la enferma y volvió a ella la vida.
La muerte, que había sido burlada por segunda vez en algo que le pertenecía, se dirigió a grandes zancadas hacia el médico y le dijo:
—Estás perdido sin remedio. ¡Ahora te toca a ti!
Lo cogió tan fuerte con su mano fría como el hielo, que el médico no pudo oponer resistencia, y se lo llevó a una cueva subterránea. Entonces él vio arder miles y miles de luces en hileras interminables de las que no se distinguía el fin, unas grandes, otras medianas, otras pequeñas.
A cada minuto se apagaban algunas y otras volvían a arder, de modo que las llamitas siempre cambiantes parecían saltar de un lado a otro.
—¿Ves? —dijo la muerte—. Son las luces de las vidas de los hombres. Las grandes pertenecen a los niños, las medianas a matrimonios en sus mejores años, las pequeñas son de los viejos. Pero también los niños y los jóvenes sólo tienen a menudo una lucecita insignificante.
—Enséñame la luz de mi vida —dijo el médico, creyendo que todavía sería muy grande.
La muerte señaló un pequeño resto de velita, que amenazaba a cada instante con apagarse, y le dijo:
—¿Ves? Es ésta.
—¡Ah, querida madrina! —dijo el médico muy asustado—. Enciéndeme una nueva. ¡Hazlo por mí, para que pueda gozar de mi vida, ser rey y marido de la hermosa princesa!
—No puedo — contestó la muerte—. Primero tiene que apagarse una, para que encienda otra nueva.
—Pues coloca la vieja encima de una nueva, para que prenda inmediatamente cuando la otra se acabe —pidió el médico.
La muerte fingió que iba a cumplir su deseo y cogió una luz reciente y grande, pero, como quería vengarse, la colocó mal adrede y el cabo de la velita cayó y se apagó.
Enseguida el médico se desplomó, y cayó por sí mismo en brazos de la muerte.
jueves, 20 de mayo de 2010
Maaaaaaaaaaaaaamá!
De tan solo pensar en ti mi corazón late a 1000/hr, se me llenan los ojos de lágrimas y no puedo evitar unir las palabras amor y gratitud.
Te amo madre, te amo más que a nadie en este mundo lleno de alegrías y tristezas, te amo más allá de todo y no podré dejarte de adorar, respetar, cuidar y querer.
Perdona mi ingratitud, perdona que no te vaya a visitar seguido y perdona no llamarte en ocasiones, perdóname... Prometo ir a verte más seguido, prometo darte unas llamaditas a medio día, prometo decirte cada vez que te vea lo mucho que te quiero y lo mucho que me haces falta cuando no te tengo a mi lado, prometo ser ese ser que te llene de alegría, que te llene de abrazos y bese tus manos y tu frente, porque eres mi niña, sabes?
mi niña, mi amiga, mi hermana, mi confidente y mi madre, eres todo, lo eres todo, mi mundo, mi cielo, mi vida, todo lo que soy y lo que tengo te lo debo a ti, no hay nada más triste que pensarte lejos de mí mamá...
Cómo no idolatrarte mamá?
dime tú como no hacerlo si eres una santa, sí, mi santa madre, la mujer más buena, linda, cariñosa, comprensiva de este inmundo planeta.
Hoy cuando te fui a ver me sentí tan feliz, pero a la vez me sentí tan miserable cuando dijiste que soy una ingrata... (con esos inmensos ojos marrones y lindos que tienes... me partió el alma tu mirada y tus lágrimas mamá), aún lloro, recordando ese momento, porque créeme que me duele no ir a visitarte, me duele muchísimo, pero me reconfortó tanto tu abrazo, tus palabras tan sencillas, breves pero tan llenas de amor, tus te quiero, ay mami, si supieras lo mucho que te amo y lo mucho que te necesito, es una pena que tengamos que estar separadas, gracias, gracias por ese ser que me trae tanta paz, que me llena de alegría... gracias!
Si tuviera que agradecerte por cada cosa que haces por mí, se me iría la vida, se me iría la vida porque son infinitas las cosas que haces por mí,
no me diste la vida una sola vez,... ambas lo sabemos,
siempre estás aquí cuando más te necesito, siempre estás conmigo cuando me pongo mal, cuando siento que se me acaban las esperanzas, cuando siento que ya no puedo más, cuando siento que mi cobardía es más grande que cualquier otra cosa existente...
cómo no sentir tanto amor por alguien bueno?
cómo no sentir amor por este hermoso angelito que Dios me mandó, eh?
Eres... ya no me quedan palabras Angélica,
pero sabes que significas muchísimo para mí, estoy 150% que mis hermanos opinan lo mismo, nadie te quita tus virtudes, Nadie!
Sabes?
Hoy de regreso a casa me venía pensando... mi gorda siempre quiso ser enfermera, válgame Dios... qué habría sido, no?
Pero luego me dije a mí misma, pero si ella ha sido mi doctora las 24horas del día xD! (es tonto, lo sé... no comentes nada que me cólera) xD!
Te doy una canción si abro una puerta y de las sombras sales tú. Te doy una canción de madrugada, cuando más quiero tu luz. Te doy una canción cuando apareces el misterio del amor, y si no lo apareces no me importa: yo te doy una canción.
aj... como quisiera que fueses eterna,
como quisiera tenerte siempre conmigo,
como quisiera tener el elixir de la eterna vida...
como quisiera vivir abrazada a ti y tu lluvia de amor,
no te me vayas nunca,
a veces discutimos por cosas tan tontas que me da cólera ser tan torpe, peeeeeeeero
te amo Paz, te amo muchísimo n.n*
mi bendita niña, :'D!
mi pensamiento más profundo, también eres,
tan sólo dime lo que hago, aquí me tienes.
Soy la que quererte quiere como nadie soy,
la que te llevaría el sustento día a día, día a día,
la que por ti daría la vida, esa soy.
Aquí estoy a tu lado y espero aquí sentada hasta el final.
No te has imaginado lo que por ti he esperado
pues eres lo que yo amo en este mundo, eso eres,
cada minuto en lo que pienso, eso eres,
lo que más cuido en este mundo, eso eres.
Si tú me olvidas

Tú sabes como es esto:
Si miro la luna de cristal, la rama roja del lento otoño en mi ventana, si te toco junto al fuego
la implacable ceniza o el arrugado cuerpo de la leña.
Todo me lleva a ti, como si todo lo que existe, aromas, luz, metales,
fueran de pequeños barcos que navegan hacia las islas tuyas que me aguardan.
Ahora bien, si poco a poco dejas de quererme, dejare de quererte poco a poco.
Si de pronto me olvidas no me busques que ya te habré olvidado.
Si consideras largo y loco el viento de banderas que pasa por mi vida y te decides a dejarme a la orilla del corazón en que tengo raíces, piensa que en ese día, a esa hora levantare los brazos
y saldrán mis raíces a buscar otra tierra.
Pero si cada día cada hora sientes que a mi estas destinada con dulzura implacable.
Si cada día sube una flor a tus labios a buscarme, ay amore mío, ay mía, en ti todo ese fuego se repite, en mi nada se apaga ni se olvida, mi amore se nutre de tu amor, amada, y mientras vivas estará en tus brazos sin salir de los mios.
martes, 18 de mayo de 2010
Margaritas... margarachas!

Necesitaré de miles de margaritas para animarme a jugar el clásico "me quiere... no me quiere", pienso y creo que me causaría pavor ver el último pétalo y que de pronto me toque un "no te quiere", no es que sea el drama más grande que puede existir, no, no y no, es sólo que hacerle frente al desamor ha de ser terriblemente feo.
Debo admitir que soy una caprichosa empedernida, no en un relación, si no antes de ella, xD, las veces que me he enamorado (o al menos eso parecía) o alguien me gustaba-... también conseguí lo mismo en el sexo opuesto, ni siquiera es que haya puesto afán eh, no sé, y es cierto haciendo memoría... obtuve todo lo que me propuse.
ahora te quiero a ti x'D
jajajaja ok no, pero qué cómico se lee, muajaja (6)!!
Pero en conclusión sé que tú sólo necesitarás de una margarita,
sí, una sola, puedes creerlo?
es más... creo que no la necesitarás,
si tan sólo tuvieses el coraje suficiente de decir directamente, ¿Me quieres?
o simplemente poner los ojitos del gatito de Shrek,
sí, ese gatito enanito y con botas todo guapetón que era adorado por todos por ser un ser tan lindo xD!
¿Qué dirá la margarita?

Me quiere, no me quiere.
Te quiero, no te quiero.
Te busco, no te encuentro.
Me buscas, no me encuentras.
Locuras... locuras.
Los días están pasando rápidamente,
se respira tranquilidad,
me siento bien,
casi nueva,
esbozo una sonrisa y me siento tonta,
me siento feliz, muy feliz,
mira, que yo no pensé que llegaría este momento,
es tiempo de tomar las riendas de mi destino,
sí, eso haré...
esta paz que siento es tan perfecta,
quisiera compartirla contigo y me cuentes qué sientes,
si sientes que de pronto flotas
y de un momento a otro quieres volar,
sí, volar a lugares recónditos donde solo estemos nosotros dos,
lugares lindos, serenos, frescos y llenos de flores,
aquel lugar al que llamemos nuestro paraíso,
nuestra guarida,
nuestro lugar amado, nuestro, nuestro lugar.
Siento como la brisa intenta llevarse mis recuerdos,
mas son tan fuertes,
que se abrazan a mí y a mi alma,
no lo permito, no me dejo, no me amilano ante su bravura,
ya no puedes, ante este sentimiento me vuelvo y siento invencible.
Lo he descubierto todo,
tu mirada me lo ha dicho callada y raudamente,
no te sientas intimidado,
no, no temas, este puede ser el sentimiento más celestial que hayas vivo,
presenciado, sentido, añorado,
deja que con mis manos y besos llene de amor tus días,
deja que colme tus mañanas de ternura,
déjame ser todo en tu vida y prometo serte fiel eternamente,
simplemente déjame entrar en tu corazón y en tu vida,
abre los brazos y recíbeme con un gesto de amor...



