domingo, 23 de enero de 2011

El último día.


Sí, yo sabía que Dios se acordaría de mí,
hice todo lo que pude para sobrevivir,
me aferré a la vida asquerosamente,
pero sabes?
aún recuerdo tus oraciones sobre la camilla del hospital,
escuchaba tus sollozos mi amor,
escuchaba tus plegarias románticas,
promesas eternas,
siempre te oí,
siempre deseé poder abrazarte y hacerte saber que estaba bien,
que aunque mi corazón totalmente delicado no latiera igual,
este te seguía amando con la misma intensidad gracias a tus dulces palabras,
gracias a esa garra infranqueable a la que llamamos esperanza,
la vida me ha sabido dar la razón y no me quejo...
no me quejo de haber luchado contra el olvido y la muerte,
porque de no haber sabido cuál era el límite entre la vida y el fin de los días
no sabría valorar todo lo que tengo hoy,
la vida es como un campo de batalla,
se puede salir bien librado si haces todo con el corazón,
si luchas constantemente por quien quieres y lo que quieres,
pensé que no volvería a conjugar el verbo amar,
definitivamente esto es lo mío,
definitivamente lo es.