sábado, 29 de octubre de 2011

Oscuridad silente.

 


 Enciendo una vela,
la miro,
contemplo su llama ardiente,
el vaivén insesante de su cuerpo
y el fuego que reside en ella.

Crece, crece,
parece que cada segundo se hace más fuerte,
más viva,
más intena,
más ella... más candorosa.

Y a mí ,
a mí me saca de esta oscuridad,
de este repentina ceguera,
de este sabor a soledad,
y presiento el silencio,
el silencio insesante,
el sonido mudo,
parece que han desaparecido todos
o es que su fuego me condujo a esto.

Hoy siento que el mundo me pertenece,
que ya no me importa si rima,
todo esto vale nada,
pero tú, tu fuego y tu esplendor lo son todo.