viernes, 18 de febrero de 2011

Romana.



Tiene al Dios en la boca,
y palideciendo la eterna virtud de la ida,
el adiós eterno del "no te vayas"
no te conocí es cierto,
romana, romana me siento.

Oye, todos te lloran
te lloran sin conocerte los ancianos de Dios,
ellos son buenos y a todos acaece esta pena,
remo a la orilla,
y esta conmoción me era predecible,
no por tu edad o enfermedad, no por ello.

La vida... innecesidad,
quién sabe el significado más que en sus locas exclamaciones?
oh! ya le perdí el temor a los colores chillones y a la heterodoxia,
y sigo padeciendo,
qué padezco? aún no lo sé.

La vida, un sin sabor
y quizá quiera contradecirme sabiendo que:
esto es una ruleta rusa.

Y la vida? Y el amor?
qué patético nombre para la obsesión,
qué angustia,
no cesa,
nunca descansa... ni aguarda.

Y quizá esto sea lo peor de lo peor,
quizá tú también,
pero aún en ello,
no salgo de mi sopor,
ni me encuentro... ni me encuentras.

Y para hacer esto aún más raro diré que:

Fecha capicúa... quién estaba contigo?
nunca estás solo.
Oh, es cierto, se me parte el alma,
ya no creo en la confesión... y se abre paso el abismo.