domingo, 20 de marzo de 2011

Utilmátum.

Y vivo a la espera de tu fallo,
de tu ultimátum
de tu decisión definitiva y singular,
aquella se hace plural cuando resumo mis sentimientos en un te amo,
cuando me acerco y te vas,
cuando me voy y regresas,
es tan confuso,
si te vas... yo me voy,
si me voy, tú te vas,
la paciencia limita en tu torpeza,
en tu atrevimiento al querer presionarme a ti,
en tus cortas notas,
en tus llamadaz echadas al azar,
en tus detalles y en tu pésima forma de mostrar el amor,
el amor que pregonas,
las caricias que guardas para mañana,
cuando quizá ya no esté,
cuando quizá me haya ido,
no porque no te ame,
si no por amarte tanto que me duele,
que me hierve en el alma,
que satura mi mente
y efervece mi ánimo...

Pero si me pides que me quede una noche más,
estaré contigo,
más allá del infinito,
más allá de la vida,
más allá de la muerte,
donde el amor se hace eterno
donde una caricia vale millones,
donde un beso significa el amor,
donde decir te amo es absurdo,
porque todo lo dice,
porque el amor brota por los poros de tu piel
y se enjuaga en tus lágrimas cuando me quiero marchar,
pero dime qué más hago por ti,
dime qué otra cosa puedo hacer más que pensarte,
adorarte, quererte y apoyarte,
darte mi alma, mi amor, mis sentimientos, mi vida, mi cariño, mi todo amor...

Qué hago con mis labios que ruegan tu amor,
qué hago con mis sentimientos que se aferran a ti,
qué hago con los abrazos de bienvenida y de adiós,
qué hago con tu risa grabada en mi mente,
qué hago con los recuerdos bordados en mi alma,
qué hago con tus caricias tatuadas en mi piel,
dime... dime.

Si es hora de partir... sólo márchate,
si quieres quedarte, bienvenido [b]nuevamente[/b] mi amor.